Reflexión en Voz Alta para Inicio de Año
Autor:
Víctor T. Féliz Féliz
¿Por qué nos preocupamos tanto por lo que no tenemos y olvidamos lo que tenemos?
Cada persona es un ser muy especial, único, producto de una masa amorfa integrada por elementos genéticos, conductuales, impulsos básicos del individuo, etc., los cuales son moldeados por la familia, el entorno, la educación y los valores propios. De la forma en que se combinen esos ingredientes sale un ser irrepetible, ya que no es igual a ningún otro, ni siquiera a sus propios padres biológicos.
Pero a pesar de esa individualidad física y mental de cada ser humano, muchas veces, asumimos comportamientos colectivos contrarios a la misma, o sea, que podemos ser impactados por el entorno en que desarrollamos nuestras actividades, ambiente que nos puede llevar a perder lo más valioso que tenemos, como es nuestra prudencia, sencillez, candidez y compasión por los demás, en una búsqueda irracional de lo que no tenemos y que, generalmente, no necesitamos.
Hemos escuchado a muchos padres decir: “yo quiero dar a mis hijos todo lo que yo no tuve”. Esta sana intención de evitar a los hijos las carencias y vicisitudes vividas por sus padres, los puede privar de lo que sí tiene valor e importancia en su formación futura, tanto profesional como humana.
Realmente, la mayoría de los padres de nuestra generación y anteriores carecimos de mucha cosas como: ropa nueva, dinero o tarjeta de crédito en los bolsillos para pagar fiestas y comprar todo cuanto se nos antojara, mucho tiempo libre para desperdiciar y malas compañías que nos deformaran. Por el contrario, sin importar cuán pobre fuera nuestra familia, recibimos buena formación hogareña, apegada obligatoriamente a la responsabilidad, respeto por los demás, especialmente por las damas y los mayores, honestidad a pesar de las necesidades, integridad para rechazar lo incorrecto, mucho trabajo y austeridad, entre otras cosas.
Hoy vemos, con mucha tristeza, a personas muy valiosas perder sus dones más importantes por ir detrás de aquello que no tienen, hasta el punto de poner en riesgo su dignidad por alcanzar algo que más que sumarle, le resta. En días pasados escuchamos a alguien decir que:”el dinero fácil es el más difícil, y sobre todo el más caro, porque siempre termina costando la dignidad”. No pude evitar que resonara en lo más profundo de mí ser, la dimensión de la enseñanza que esta frase contenía.
Cuando perdemos nuestra dignidad, que viene a ser lo más sagrado que puede tener un ser humano, buscando lo que no tenemos y que quizás ni necesitamos, nos volvemos indignos. Una persona sin dignidad carece de respeto y afectos auténticos, rodeada de adláteres que sólo buscan utilizarla para cumplir sus fines ulteriores, que siempre serán en provecho propio, nunca por el bienestar de la persona.
Quizás la explicación de estos comportamientos la encontremos en lo que supimos darle a nuestros hijos durante su formación, y en el peor de los casos, quizás sea a través de ellos que logremos experimentar la amargura de lo que nunca debimos carecer.
Vivamos y seamos felices con lo que tenemos, aspiremos y trabajemos por cosas mejores pero nunca poniendo en juego lo que hemos alcanzado, ya sea, en términos materiales, pero más aún en términos morales y existenciales.
Feliz 2014.




