¿Dónde Estamos Guardando Nuestros Ahorros?

Autor:

Víctor T. Féliz Féliz
¿Dónde Estamos Guardando Nuestros Ahorros?

Con frecuencia pregunto a mis estudiantes, regularmente profesionales que cursan maestrías, si ellos tienen algunos ahorros, al grupo que me contesta afirmativamente, entonces les cuestiono sobre dónde guardan sus ahorros, a lo que la mayoría responde: en una cuenta de ahorros en un banco o una asociación de ahorros y préstamos.

Actualmente una cuenta de ahorros paga una tasa de interés anual entre un 1 y un 2%, mientras que un certificado financiero en esas mismas instituciones genera de un 4 y un 5% de interés anual en tanto, que una opción no explorada como los títulos (papel comercial, bono, etc.) emitido por una empresa, una entidad financiera o el propio Estado, los cuales son comercializados a través de un puesto de bolsa, generan una rentabilidad anual entre un 7 y un 11% de interés.

De lo anterior se desprende que la mayoría de ahorrantes de nuestro país sólo ven las libretas de ahorro como alternativa para invertir su dinero, dejando de producir una rentabilidad mucho mayor y con el mismo nivel de riesgo que si fuese invertido en otro instrumento financiero, incluso en la misma institución en la que mantienen sus libretas.

Este razonamiento ha inducido a muchos de mis estudiantes a acudir, el día siguiente de la clase, a retirar sus ahorros para abrir un certificado financiero o invertirlo en otro instrumento más productivo, logrando con ello aumentar su capital. Algunos también han explorado otras instituciones alternativas en las cuales puedan depositar su dinero como son: los bancos de ahorro y las cooperativas.

Esta situación se da por la carencia de información sobre cómo administrar el dinero, por parte de la población, unido a que muy pocas instituciones se preocupan por educar a los usuarios de sus servicios para que hagan un uso más eficiente de los recursos, con lo que podrían alcanzar mejor calidad de vida.

Cada vez se hace más necesario la introducción de la educación financiera en el nivel básico de nuestras escuelas acompañado de una extensiva campaña de información, a través de los medios de comunicación, y orientación directa a profesores y estudiantes por medio de charlas y conversatorios sobre estos temas.

Una mejor y oportuna educación financiera contribuiría a aumentar los ahorros, los cuales podrían ser usados para financiar los proyectos inversión que necesita el país, y con ello alcanzar mejores niveles de desarrollo, y en consecuencia, la reducción de la pobreza. Una persona o una familia que ahorre una proporción del dinero que recibe crece económicamente, lo mismo le sucede a un pueblo o país que haga lo propio.

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